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Somos algo más, no todo es físico.

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«Somos algo más, no todo es físico, de lo contrario nuestra existencia sería triste». Esta es una frase tan corta, pero encierra muchas emociones y temores. Usualmente es emitida en respuesta a todo intento de comprensión de la naturaleza, sobre todo acompañada del adjetivo “reduccionista” dicho en modo peyorativo. Aunque desde luego, todo intento de comprensión es necesariamente reduccionista, ya que por simplicidad debemos armar modelos mentales de los objetos de estudio para tratar de captar, explicar y predecir la mayor cantidad de características asumiendo el menor número posible de axiomas. Es claro así que hay ciertos aspectos que son dejados afuera del modelo pero que bien pueden ser explicados por otros modelos. Por ejemplo, la síntesis evolutiva moderna explica la diversidad de la vida, pero no su origen, que trata de ser adecuademente explicado a través de las hipótesis abiogenéticas.

Pero, ¿realmente es cierto que si somos algo meramente físico eso quita alegría, vuelve nuestra vida algo triste?… quizá esta pregunte necesite cierta introducción, analizando primeramente su origen.

¿De dónde surge esta frase?

Para empezar, hay que considerar que al parecer tenemos una forma intuitiva de entender el mundo y a nosotros mismos. En neurociencias esto recibe varios nombres. Según Kanehman, se llama sistema 1. Según otras fuentes es un triplete “folk” o más propiamente se habla de “folk psichology”, “folk biology” y “folk physic”. Son entendimientos populares acerca de cómo funcionamos nosotros mismos y nuestro medio, son medios de rápido procesamiento de información que fueron esenciales para la supervivencia de nuestros antepasados, ya que el entorno rápidamente cambiante de la sabana africana se premiaba la velocidad de procesamiento más que su veracidad, o sea que se nos permitía inferir cosas que fuesen fáciles de entender y que permitieran una respuesta rápida antes que un análisis concienzudo de la verdad de lo que nos rodeaba y sobre nosotros mismos. Por ejemplo, si veías que un arbusto se movía te convenía pensar rápido en que se trata de un depredador y salir corriendo. Los que se han detenido a pensar en que probablemente no sea un depredador han tenido desventaja evolutiva.

También la idea de entes sobrenaturales proviene en cierto modo de características neurobiológicas, ya que nuestro cerebro tiende a tratar al entorno como si estuviese dotado de intencionalidad y agencia, en algo que se conoce técnicamente como Hiperactividad del Dispositivo de Detección de Agencia. Desde luego, ello no quiere decir que creencias específicas en fantasmas, divinidades y demás sean algo inevitable, sino mas bien que estamos hechos así por default. Por ilustrarlo con una analogía, la capacidad de hablar tiene base neurológica, pero la capacidad de hablar un idioma específico como el español no lo es, sino es una coyuntura de lo biológico y lo cultural. Del mismo modo, las creencias en los sobrenatural son una coyuntura biológica-cultural. Y considerando la evidencia proveniente de la psicología cognitiva, que nos dice que básicamente somos “tacaños cognitivos”, o sea que hay gran inercia en cambiar de parecer, sobre todo de esta idea dualista que se siente tan intuitivamente verdadera, se entiende por qué esta noción ha perdurado tanto.

De manera que cuando la gente se topa con información que cuestiona la visión dualista, como el entendimiento del amor romántico como consecuencia de poderosas fuerzas de la selección natural y reducible al actuar de moléculas como la dopamina, la serotonina y la oxitocina; no sorprende que, como manifestación de la inercia cognitiva antes citada, haya resistencia ante esta idea y se la considere como algo triste.

Ahora estamos quizá estemos en mejores condiciones de entender el fondo de la cuestión.

¿La admisión de nuestra fisicalidad es un motivo para entristecernos?

No necesariamente, pues, por un lado, podemos ver que una de las raíces del asunto está en dejarse llevar demasiado por el lado intuitivo. Ciertamente en asuntos donde la veracidad y el análisis detallado sobre nuestra naturaleza, origen y funcionamiento son algo clave, el sistema 1 de Kanehman queda corto y con notable frecuencia, nos lleva a conclusiones sesgadas. Entonces es recomendable que en esos asuntos el sistema 2 (nuestro lado más racional, aunque lento) tome las riendas. Así, el cambio de perspectiva nos hace preocuparnos menos por mantener ideas y nos abre más al temido cambio.

Por otro lado, podríamos invertir la pregunta y decir “¿Qué tiene bueno mantener las ideas independientemente de su veracidad? ¿no es bueno descartar una idea que, por intuitiva que pueda parecer, es actualmente inadecuada y poco veraz?” O bien, sin dejar de lado la emoción hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿No es maravilloso poder darnos cuenta de que estábamos equivocados respecto a nuestra comprensión de nosotros mismos?
  • ¿Acaso la información veraz no es un medio para tomar mejores decisiones?

Incluso yendo un paso más lejos podríamos preguntarnos:

  • ¿acaso la realidad no es más sorprendente de los que imaginábamos o intuíamos?
  • ¿no es acaso sorprendente que algo que hoy damos por sentado, como las epilepsias, en otros tiempos se creyera fruto de espíritus o que los grandes cataclismos naturales se creían castigos divinos cuando en su lugar eran fenómenos naturales complejos que no necesitaban de ninguna voluntad para suceder?
  • ¿no es emocionante darse cuenta de que la ciencia es una gran aventura para descifrar los misterios y derrumbar mitos?
  • ¿no hay cierta poesía, si se quiere decir así, en la danza de electrones almacenados en tu ordenador que te hacen leer estas palabras que escribo? algo que parece casi mágico, pero, de hecho, es mejor que la magia, porque puedes entenderlo y aplicarlo para satisfacer tus necesidades y así disfrutar de cosas tan aparentemente mundanas como la música en tu dispositivo electrónico, cuando hace pocos siglos tener música a disposición a cualquier hora del día era solo privilegio de reyes… ¿no es eso increíble?
  • Por último, ¿no es increíble pensar que al igual que hoy nos paramos sobre el esfuerzo de las generaciones anteriores y su estudio sistemático de la naturaleza, las próximas generaciones se apoyarán en nuestra valentía para cambiar de opinión, en nuestro coraje para descifrar lo aún desconocido para poder llegar a donde hoy solo podemos soñar?

A la luz de todas estas interrogantes, podemos plantear que un enfoque fisicalista, en el que actualmente se apoya la ciencia, hay muchas cosas emocionantes por descubrir, hay valiosas reflexiones sobre nuestra vida cotidiano, sobre el pasado y futuro de nuestra especie y sobre cómo todo esto es una potencial fuente de satisfacción, de realización e incluso de una forma de dar sentido a la vida (ya que el camino del investigador es una de las tantas formas de dar sentido a la vida). Y todo ello está lejos de ser triste.

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