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¿QUÉ SIGNIFICA TENER LA MENTE ABIERTA?

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Es usual que cuando alguien defiende una postura que no nos parece bien fundamentada, nos mantengamos escépticos, a la espera de la evidencia que confirme o refute dicha postura. Lo curioso es que es usual también que, en lugar de evidencias, se recurre a un “argumento” bastante usado últimamente, el famoso «¡Debes tener la mente abierta!». Que básicamente se podría traducir como “¡Acepta sin criticar lo que te digo!”.

Supongo que usted mismo se han visto en esta situación cuando se han puesto escépticos respecto a algo. Apelar a la “apertura mental” ha pasado a significar aceptar algo, por muy disparatado que sea, sin hacer preguntas. Permítame rebatir esta noción y proponer una más adecuada.

Empecemos por definir qué es tener la mente abierta
Tener la mente abierta implica estar dispuesto a hacerse preguntas, pero no cualquier tipo de preguntas, sino buenas preguntas. Las buenas preguntas se caracterizan por tener sentido, por comunicar una duda de la manera más precisa y entendible posible. Al plantear una buena pregunta apuntamos a descifrar un misterio. Consideramos los conocimientos previos que tenemos sobre el asunto y escudriñamos a ver si encontramos algo más en base a eso.

La mente abierta considera también la posibilidad de cambiar de opinión tras un exhaustivo análisis de la evidencia recolectada. A fin de que las ideas que nos hacemos sobre un asunto provengan de los hechos, ya que nunca podría ser a la inversa. Aunque creamos mucho en algo, eso no lo hará realidad. Es crucial para poder cambiar de opinión admitir de antemano que podríamos estar equivocados y tener la honestidad intelectual de aceptar cuando efectivamente lo estamos.

Y entonces, ¿qué es no tener la mente abierta?
No tener la mente abierta implica no cuestionar, no permitirse dudar o hacer preguntas sin sentido, o ambiguas. Y también los mismo criterios aplican para las respuestas. Por ejemplo, si preguntamos “¿existen los reptilianos?”, una respuesta no válida respuesta podría ser que “si encontramos evidencia de ellos, existen, pero si no encontramos evidencia es porque nos las están ocultando y, por tanto, existen”. Este es un ejemplo demasiado simple de lineamientos espurios donde cualquiera sea la respuesta, solo se apoya una conclusión por decreto.

Desde luego que no tener una mente abierta también implica no analizar cuidadosamente las evidencias, descartar a priori opciones plausibles, no reconocer la propia falibilidad (o la ajena) y, por tanto, ser incapaz de cambiar de opinión. Todo esto suena casi a cliché, pero no es infrecuente hallar que quien reclama a su interlocutor apertura mental sea quien, paradójicamente, carece de aquello que reclama.

¿Por qué hacer esta distinción? ¿Qué tiene de importante?
En primer lugar, la distinción viene a razón de combatir un sofisma muy extendido. La importancia de conceptualizar de la mejor manera posible se debe a que sólo se puede cultivar algo si se conoce adecuadamente qué es. La mente abierta es precisamente uno de los pilares en que se basa la búsqueda del conocimiento en distintas disciplinas. Es gracias a lo cual la ciencia ha progresado y a lo cual hoy disfrutamos de una calidad de vida que para muchos de nuestros ancestros probablemente habrá sido inimaginable. Es preciso cultivarla.

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