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¿ES LA EVOLUCIÓN SÓLO UNA TEORÍA?

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Hay una confusión muy propagada que queremos discutir. Esta confusión ha resultado en una de las frases más usadas para menospreciar el conocimiento científico: “es sólo una teoría”, o de manera más general: «son sólo teorías». La palabra clave de estas dos frases es «sólo». Ésta implica que se piensa que una teoría científica es algo que no es del todo correcto, que es una mera especulación, y muy probablemente errónea. De hecho, en su uso habitual, “teoría” tiene la connotación de “conjetura”, como en “mi teoría es que Laura no ha llegado a tiempo por problemas de salud”. Pero en ciencia, la palabra teoría significa algo completamente distinto.

¿Qué es una teoría científica?

De acuerdo con el Oxford English Dictionary, “teoría”, en la acepción que hace referencia a “teoría científica”, dice que es un “conjunto organizado de ideas que explican un fenómeno, deducidas a partir de la observación, la experiencia o el razonamiento lógico”. Mientras que en el DRAE, dice que es una «serie de leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos». Así, podemos hablar de la teoría de la gravitación como la proposición de que todos los objetos con masa se atraen entre sí de acuerdo con una relación estricta en la que interviene la distancia que los separa y la magnitud de sus masas. O podemos hablar de la teoría de la relatividad, que realiza afirmaciones específicas sobre la velocidad de la luz y la curvatura del espacio-tiempo.

Una buena teoría científica

Hay aspectos que quiero resaltar respecto a lo que se define como teoría científica. El primero es que, en ciencia, una teoría es mucho más que una simple especulación sobre la naturaleza de las cosas, sino que es un conjunto de proposiciones bien meditadas, con la intención de explicar hechos del mundo real. La teoría atómica no es el simple enunciado de que los átomos existen; es un conjunto de enunciados sobre cómo interaccionan los átomos entre sí, cómo forman compuestos y se comportan químicamente. Del mismo modo, la teoría de la evolución va más allá de la simple afirmación de que hubo evolución; sino que es un conjunto de principios ampliamente documentados, que explican cómo se produce la evolución.

El segundo aspecto a resaltar es que para que una teoría pueda considerarse científica debe ser contrastable y debe realizar predicciones verificables. Es decir, es necesario que podamos realizar observaciones en el mundo real que la apoyen o la refuten. Una buena teoría realiza predicciones sobre lo que deberíamos hallar si miramos con atención la naturaleza. Si esas predicciones resultan ser correctas, aumenta nuestra confianza en la certidumbre de la teoría. La teoría general de la relatividad de Einstein, propuesta en 1916, predijo que la trayectoria de la luz se curvaba cuando pasa cerca de un cuerpo celestial de gran masa (para ser más precisos, la masa de ese cuerpo distorsiona el espacio-tiempo, que distorsiona, a su vez, la trayectoria de los fotones). Y en efecto, Arthur Eddington verificó esta predicción en 1919 cuando demostró, durante un eclipse solar, que la luz procedente de estrellas distantes se curvan al pasar cerca del sol, desplazando la posición aparente de las estrellas. Fue sólo cuando se verificó esta predicción que la teoría de Einstein comenzó a aceptarse de manera general.

Dado que una teoría sólo se acepta como “verdadera” después de que sus afirmaciones y predicciones hayan sido contrastadas y confirmadas una y otra vez, una teoría se convierte en un hecho (o una «verdad») sólo cuando se han acumulado tantos indicios y observaciones a su favor, y ninguna prueba decisiva la haya refutado, que todas las personas razonables llegan a aceptarla. Por eso se dice que la teoría de la evolución, una de las teorías científicas más polémicas de la historia y por ello la víctima más común del “malentendido” de que “sólo es una teoría”, es también un hecho.

Predicciones correctas de la evolución

Y ya entrando en el tema, ¿cómo contrastamos la teoría de la evolución frente a la teoría todavía popular de que la vida fue creada y no ha cambiado desde entonces? Son dos los tipos de pruebas empíricas. El primer tipo consiste en utilizar los principios del darwinismo para enunciar predicciones contrastables. La evolución predice qué es lo que deberíamos observar en especies vivas o extintas cuando las estudiamos. Algunas de estas predicciones verificadas con éxito son:

  • Puesto que disponemos de restos fósiles de organismos extintos, deberíamos poder hallar pruebas de cambios evolutivos en el registro fósil. Las capas más profundas (y antiguas) de rocas deberían contener fósiles de especies más primitivas, y algunos fósiles deberían hacerse más complejos en capas más recientes, hasta encontrar los organismos más parecidos a los actuales en las capas más recientes.
  • Deberíamos poder ver cómo cambian algunas especies con el paso del tiempo, cómo forman linajes que ponen de manifiesto su “descendencia con modificación”.
  • Deberíamos poder hallar algunos casos de especiación en el registro fósil, casos en los que una línea de descendencia se escinde en dos o más. Y deberíamos poder descubrir la formación de nuevas especies en la naturaleza.
  • Deberíamos poder hallar ejemplos de especies que vinculan grandes grupos para los que se sospecha una ascendencia común, como las aves y los reptiles, o los peces y los anfibios. Además, estos “eslabones perdidos” (o, en una terminología más rigurosa, “formas de transición”) deberían aparecer en capas de rocas de una edad correspondiente al momento en que los grupos supuestamente divergieron.
  • Deberíamos descubrir que las especies presentan variabilidad genética para muchas características (de otro modo no podría producirse la evolución).
  • La imperfección es la marca de la evolución, no del diseño consciente. Deberíamos poder descubrir casos de adaptación imperfecta en los que la evolución no haya sido capaz de alcanzar el grado óptimo que hubiera alcanzado un creador.
  • Deberíamos poder observar la selección natural en acción en la naturaleza.

Además de las predicciones, el darwinismo también cuentan con el apoyo en un segundo tipo de pruebas empíricas: hechos y datos que sólo adquieren sentido “a la luz de la teoría de la evolución”, lo que se suele denominar “retrodicciones”. Algunas de las retrodicciones que apoyan la evolución (frente a la creación) son los patrones de distribución de las especies sobre la superficie de la Tierra, las peculiaridades del desarrollo embrionario de los organismos y la existencia de caracteres vestigiales sin función aparente, etc.

Darwin dedicó veinte años a acumular observaciones e indicios en apoyo de su teoría antes de publicar El origen. ¡Eso fue hace más de ciento cincuenta años! Desde entonces se ha acumulado muchísimo conocimiento. Se han encontrado muchos fósiles nuevos, se han descubierto muchas más especies y se ha cartografiado su distribución. Se ha avanzado mucho en el esclarecimiento de las relaciones evolutivas entre distintas especies, y han surgido ramas enteras de la ciencia que Darwin no podía ni soñar, entre ellas la biología molecular. Toda la evidencia acumulada, tanto la vieja como la nueva, conduce ineludiblemente a la conclusión de la que la evolución es verdadera, es un hecho.

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